Cuando la Presidenta desafió a que la oposición proponga una alternativa al pago de la deuda, ninguno propuso nada, o balbuceó una respuesta, porque, en el fondo, lo que quieren es el “ajuste” que todos los argentino hemos sufrido en épocas pasadas.
Los grandes medios tampoco lo dicen, pero sí apoyan y enaltecen la cantidad de boludeces que dicen estos personajes, lo vimos esta semana, donde desfilaron todos por los canales como TN, teniendo que soportar otra vez a la desquiciada de Carrió, ya sin bozal que la contenga (bozal médico siquiátrico), hablando y presentado pomposamente una denuncia penal por “estafa y quiebre del orden institucional” a la Presidenta de la Nación y del Banco Central y la presentación de una carta a la OEA por peligro institucional y proximidades al autoritarismo, similar al año pasado donde había enviado cartas a las embajadas por el mismo tema. No tiene límites la paranoia de esta mujer, siempre funcional a los intereses espurios de la derecha más extremista y neo liberal de esta parte del continente, intereses que defiende, defenderá y defendió toda su vida.
Defender al gobierno hoy, con el cual tengo disidencias en muchos aspectos, es defender un modelo, el de volver al Estado de Bienestar, más allá de los matices que cada uno pueda agregarle, porque lo que está en juego es que país queremos, el de Marcri, Carrió y toda esa mierda dando vuelta, con los ajustes de salarios, despidos, flexibilidad laboral, es decir, del capitalismo salvaje que sólo quiere ganar dinero a costa de lo que sea. Por eso hay que saber escuchar, por eso no se atreven a decir como pagarían la deuda, por eso no lo blanquean de manera directa, pero cuando dicen algunos de estos personeros sobre las cosas del presupuesto que van a suspender para pagar la deuda, ya todos sabemos a que se refieren.
No seamos hipócritas, son la peor opción para nuestro país, y yo no quiero volver a los 90, donde el trabajador no sólo veía cercenado su salario, sino también sus derechos, donde millones de argentinos quedaron marginados de toda posibilidad de movilidad social, quiero un nuevo Estado de Bienestar, donde todos tengamos posibilidades.
"En tiempos en que al pesimismo de la razón se le suma el del corazón, sería bueno creer en la capacidad de los hombres para realizar su historia, hacerse cargo de sus circunstancias y construir UNA SOCIEDAD MEJOR".
martes, 9 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Mecha encendida
Por Alfredo Zaiat
El Banco Central es un reducto histórico de los representantes del liberalismo económico. La extrema sensibilidad social vinculada al dinero ha impuesto en el sentido común que la cuestión bancaria tiene que ser manejada por expertos en la materia. Esos especialistas son en su mayoría militantes de la ortodoxia económica con estrechas relaciones con el mundo financiero. Esa hermandad se ha fortificado en las últimas décadas con la desregulación y apertura al capital en el marco de una extraordinaria expansión de las finanzas globales. Gran parte de los políticos, tanto aquellos que ejercen funciones ejecutivas como los de la oposición que aspiran a lo mismo, aceptan esa sociedad promiscua porque no quieren perder su capital electoral por miedo a eventuales estallidos de inestabilidad financiera, que esa comunión promete evitar. Algunos están convencidos de que esos expertos son los que saben y otros aceptan que deben ejercer el poder con esa restricción. La administración kirchnerista transitó ese camino primero con Alfonso Prat Gay y luego con Martín Redrado, con el resultado conocido. Sin embargo, el caso más emblemático de esa situación es el de Enrique Meirelles, presidente mundial del entonces Bank Boston, que fue elegido por Lula da Silva al comienzo de su mandato para conducir el Banco Central de Brasil. Meirelles acompañó desde ese cargo a Lula en su primer y segundo gobierno. En esos años, la tasa de interés real en dólares en Brasil fue una de las más altas del mundo y los bancos contabilizaron período tras período ganancias crecientes record. Un paraíso para los financistas y la bicicleta especulativa. El objetivo político de Lula fue exitoso: brindar una señal de tranquilidad al sector financiero cuando en el mercado se temía por el izquierdismo del Partido de los Trabajadores. Este antecedente deja en evidencia que existe una aceptación bastante extendida en la mayoría de los países de que las bancas centrales son y deben seguir siendo un territorio liberado de los financistas. En ese escenario de hegemonía de la ortodoxia se puede comprender la extraordinaria interpelación a la presencia de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central. Como también la destemplada censura a su nominación por parte del heterogéneo bloque de la oposición.
Marcó del Pont no es una economista liberal ni ha estado vinculada al mundo del negocio financiero. Su formación académica se reconoce en la escuela del pensamiento desarrollista, privilegiando entonces el crecimiento económico con base en los sectores productivos y no en los especulativos. Participó en cada uno de los espacios más relevantes de resistencia al avance del neoliberalismo (CTA, Plan Fénix, Frenapo), cuando intervenir en esa batalla implicaba el desierto mediático y político. La arrebatada mayoría de la oposición en la Comisión de Acuerdos en el Senado impugnó su designación, que ahora deberá ser tratada en el recinto. La impunidad mediática y el escaso decoro de esos senadores permitieron que uno de los encargados de argumentar en contra de la designación de Marcó del Pont haya sido el ex banquero del JP Morgan, ex titular del BC y ahora diputado Alfonso Prat Gay, a quien algunos economistas lo mandaron a estudiar finanzas porque no hizo bien las cuentas cuando no descontó valores futuros al presente al criticar la refinanciación con quita de bonos en default (artículo “La quita de la quita”, La Nación, 1º de diciembre de 2006).
La tarea de esa comisión es evaluar la calidad intelectual y académica de la postulante por el Poder Ejecutivo. También la idoneidad de Marcó del Pont para ejercer el cargo de presidente del Banco Central. El rechazo a su pliego deduce que esos senadores están convencidos de que una economista que no es liberal ni subordinada al poder financiero no puede o no debe estar al frente de la entidad monetaria. Esa decisión interpreta que esos legisladores consideran que una economista que no tenga el aval del poder financiero y sus voceros no debe ejercer el mando del Central. Esta institución pública está dominada en sus cuadros técnicos por la corriente ortodoxa, con subterráneos canales que unen sus intereses con los de banqueros y cambistas. La posibilidad de empezar a transformar esa estructura reaccionaria, que no se puede hacer de un día a otro, sino que requiere de tiempo, paciencia y compromiso de otros economistas para asumir ese desafío, quedaría golpeada ante un probable aunque no seguro rechazo al pliego de Marcó del Pont.
El silencio que por ahora mantienen sectores que se denominan progresistas ante ese avance conservador se parece mucho a complicidad. Esquivar esa responsabilidad por lo que consideran la mancha venenosa puede tener un costo elevado para los intereses de las mayorías postergadas, que dicen representar. La traumática experiencia de la Resolución 125 que los reunió con la Sociedad Rural debería servir de antecedente para no repetir errores. Puede ser que en ese momento hubieran pensado que votar en contra de las retenciones móviles con compensaciones beneficiaría a los pequeños productores. El desarrollo posterior reveló que no fue así, no sólo en el aspecto económico sino en el espacio político: las comisiones de Agricultura en Diputados y Senadores quedaron en manos de dirigentes de la CRA (Ricardo Buryaile) y SRA (Josefina Meabe, hermana del titular de la Rural correntina), respectivamente.
En las pocas semanas que Mercedes Marcó del Pont conduce el Banco Central ha emprendido otras iniciativas relevantes, además de respetar un DNU con fuerza de ley que ordena el pago de deudas con una pequeña porción de las reservas. En todas estas décadas de dominio de la ortodoxia en la autoridad monetaria las reuniones de su titular con banqueros han sido lo usual y corriente. Es lo previsible y lógico, puesto que el Central tiene bajo control esa actividad. En cambio, no es fácil hallar antecedentes de encuentros protocolares de presidentes del Banco Central con dirigentes de cámaras empresarias o con sindicalistas, como si las políticas financieras no influyeran en el mundo empresario y del trabajo. Marcó del Pont se reunió en el propio Central con los representantes de la cámara de empresarios de la alimentación, así como también ha recibido el apoyo entusiasta de empresarios pymes.
Además de encuentros formales con sectores de la producción, Marcó del Pont tiene dos ejes principales para su gestión: reorientar el crédito hacia la actividad económica, en especial a la generadora de mayor cantidad de puestos de trabajo, y comenzar una supervisión integral del sistema analizando la conformación de grupos financieros que permiten ocultamiento de ganancias y la realización de maniobras sospechosas. El fomento de la inversión productiva y el control sobre el negocio global de los bancos no requieren modificar la Carta Orgánica del BCRA. Sólo se necesita voluntad, que Marcó del Pont expresa tener, para aplicar herramientas disponibles que sus antecesores omitían. No es la agenda tradicional de un banquero central, lo que no implica que no debiera serlo si se considera que la autoridad monetaria no tiene que ser guarida de los financistas. Si triunfa en el Senado la impugnación a Marcó del Pont, no será una derrota de la administración kirchnerista, sino que será la de una oportunidad de intentar la lenta pero imprescindible tarea de transformar una institución conservadora al servicio del poder económico en otra dispuesta a ocuparse de las necesidades de las mayorías.
El Banco Central es un reducto histórico de los representantes del liberalismo económico. La extrema sensibilidad social vinculada al dinero ha impuesto en el sentido común que la cuestión bancaria tiene que ser manejada por expertos en la materia. Esos especialistas son en su mayoría militantes de la ortodoxia económica con estrechas relaciones con el mundo financiero. Esa hermandad se ha fortificado en las últimas décadas con la desregulación y apertura al capital en el marco de una extraordinaria expansión de las finanzas globales. Gran parte de los políticos, tanto aquellos que ejercen funciones ejecutivas como los de la oposición que aspiran a lo mismo, aceptan esa sociedad promiscua porque no quieren perder su capital electoral por miedo a eventuales estallidos de inestabilidad financiera, que esa comunión promete evitar. Algunos están convencidos de que esos expertos son los que saben y otros aceptan que deben ejercer el poder con esa restricción. La administración kirchnerista transitó ese camino primero con Alfonso Prat Gay y luego con Martín Redrado, con el resultado conocido. Sin embargo, el caso más emblemático de esa situación es el de Enrique Meirelles, presidente mundial del entonces Bank Boston, que fue elegido por Lula da Silva al comienzo de su mandato para conducir el Banco Central de Brasil. Meirelles acompañó desde ese cargo a Lula en su primer y segundo gobierno. En esos años, la tasa de interés real en dólares en Brasil fue una de las más altas del mundo y los bancos contabilizaron período tras período ganancias crecientes record. Un paraíso para los financistas y la bicicleta especulativa. El objetivo político de Lula fue exitoso: brindar una señal de tranquilidad al sector financiero cuando en el mercado se temía por el izquierdismo del Partido de los Trabajadores. Este antecedente deja en evidencia que existe una aceptación bastante extendida en la mayoría de los países de que las bancas centrales son y deben seguir siendo un territorio liberado de los financistas. En ese escenario de hegemonía de la ortodoxia se puede comprender la extraordinaria interpelación a la presencia de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central. Como también la destemplada censura a su nominación por parte del heterogéneo bloque de la oposición.
Marcó del Pont no es una economista liberal ni ha estado vinculada al mundo del negocio financiero. Su formación académica se reconoce en la escuela del pensamiento desarrollista, privilegiando entonces el crecimiento económico con base en los sectores productivos y no en los especulativos. Participó en cada uno de los espacios más relevantes de resistencia al avance del neoliberalismo (CTA, Plan Fénix, Frenapo), cuando intervenir en esa batalla implicaba el desierto mediático y político. La arrebatada mayoría de la oposición en la Comisión de Acuerdos en el Senado impugnó su designación, que ahora deberá ser tratada en el recinto. La impunidad mediática y el escaso decoro de esos senadores permitieron que uno de los encargados de argumentar en contra de la designación de Marcó del Pont haya sido el ex banquero del JP Morgan, ex titular del BC y ahora diputado Alfonso Prat Gay, a quien algunos economistas lo mandaron a estudiar finanzas porque no hizo bien las cuentas cuando no descontó valores futuros al presente al criticar la refinanciación con quita de bonos en default (artículo “La quita de la quita”, La Nación, 1º de diciembre de 2006).
La tarea de esa comisión es evaluar la calidad intelectual y académica de la postulante por el Poder Ejecutivo. También la idoneidad de Marcó del Pont para ejercer el cargo de presidente del Banco Central. El rechazo a su pliego deduce que esos senadores están convencidos de que una economista que no es liberal ni subordinada al poder financiero no puede o no debe estar al frente de la entidad monetaria. Esa decisión interpreta que esos legisladores consideran que una economista que no tenga el aval del poder financiero y sus voceros no debe ejercer el mando del Central. Esta institución pública está dominada en sus cuadros técnicos por la corriente ortodoxa, con subterráneos canales que unen sus intereses con los de banqueros y cambistas. La posibilidad de empezar a transformar esa estructura reaccionaria, que no se puede hacer de un día a otro, sino que requiere de tiempo, paciencia y compromiso de otros economistas para asumir ese desafío, quedaría golpeada ante un probable aunque no seguro rechazo al pliego de Marcó del Pont.
El silencio que por ahora mantienen sectores que se denominan progresistas ante ese avance conservador se parece mucho a complicidad. Esquivar esa responsabilidad por lo que consideran la mancha venenosa puede tener un costo elevado para los intereses de las mayorías postergadas, que dicen representar. La traumática experiencia de la Resolución 125 que los reunió con la Sociedad Rural debería servir de antecedente para no repetir errores. Puede ser que en ese momento hubieran pensado que votar en contra de las retenciones móviles con compensaciones beneficiaría a los pequeños productores. El desarrollo posterior reveló que no fue así, no sólo en el aspecto económico sino en el espacio político: las comisiones de Agricultura en Diputados y Senadores quedaron en manos de dirigentes de la CRA (Ricardo Buryaile) y SRA (Josefina Meabe, hermana del titular de la Rural correntina), respectivamente.
En las pocas semanas que Mercedes Marcó del Pont conduce el Banco Central ha emprendido otras iniciativas relevantes, además de respetar un DNU con fuerza de ley que ordena el pago de deudas con una pequeña porción de las reservas. En todas estas décadas de dominio de la ortodoxia en la autoridad monetaria las reuniones de su titular con banqueros han sido lo usual y corriente. Es lo previsible y lógico, puesto que el Central tiene bajo control esa actividad. En cambio, no es fácil hallar antecedentes de encuentros protocolares de presidentes del Banco Central con dirigentes de cámaras empresarias o con sindicalistas, como si las políticas financieras no influyeran en el mundo empresario y del trabajo. Marcó del Pont se reunió en el propio Central con los representantes de la cámara de empresarios de la alimentación, así como también ha recibido el apoyo entusiasta de empresarios pymes.
Además de encuentros formales con sectores de la producción, Marcó del Pont tiene dos ejes principales para su gestión: reorientar el crédito hacia la actividad económica, en especial a la generadora de mayor cantidad de puestos de trabajo, y comenzar una supervisión integral del sistema analizando la conformación de grupos financieros que permiten ocultamiento de ganancias y la realización de maniobras sospechosas. El fomento de la inversión productiva y el control sobre el negocio global de los bancos no requieren modificar la Carta Orgánica del BCRA. Sólo se necesita voluntad, que Marcó del Pont expresa tener, para aplicar herramientas disponibles que sus antecesores omitían. No es la agenda tradicional de un banquero central, lo que no implica que no debiera serlo si se considera que la autoridad monetaria no tiene que ser guarida de los financistas. Si triunfa en el Senado la impugnación a Marcó del Pont, no será una derrota de la administración kirchnerista, sino que será la de una oportunidad de intentar la lenta pero imprescindible tarea de transformar una institución conservadora al servicio del poder económico en otra dispuesta a ocuparse de las necesidades de las mayorías.
sábado, 20 de febrero de 2010
Neo-neoliberalismo
Por Sandra Russo
Hay un neomenemismo que se resume y expresa vigorosamente en Ricardo Fort. Las barritas de cereales ahora vienen con un muñeco de carne y hueso que tiene jopo, mandíbula de superhéroe, tatuajes en los brazos y un grupo de gatos que él mismo se financia para vivir una vida divertidísima. Como dijo Alejandro Fantino, quién no quisiera tener una vida como la de Ricardo Fort.
Y es verdad que en esta sociedad palpita, como verificaron las elecciones del 28 de junio, una pulsión cuyo exponente masivo más claro y sublimadamente aplaudido es Ricardo Fort, aunque políticamente fue un candidato cuyo mayor acierto lingüístico fue “alica alicate” y el de su aliado, Mauricio Macri, que veta leyes al por mayor y ni se acuerda por qué lo hizo. Uno podría ponerse a enumerar la enorme cantidad de hombres y mujeres que rechazan visceralmente lo que Fort representa, desde la ostentación al más cerril individualismo, pero no puede menos que aceptar que esos sectores ahora conviven con otros, que son los que “lo hacen medir” a Fort. Ese es el parámetro, como corresponde a su esencia, de su importancia social: “mide” tanto que todos los programas no pueden dejar de invitarlo, y hasta el canal América pasa los domingos un especial de una hora en el que uno puede presenciar una visita completa de Fort a su traumatólogo de Miami.
Si cada época levanta y entierra valores, es evidente que lo colectivo perdió las elecciones de junio frente a lo individual. No me refiero exactamente a lo político, aunque lo incluye. Es lo filosófico de un tiempo. Cuando surgió el neoliberalismo, en la posguerra, fue durante muchos años una escuela con aires masones que se nucleaba en Suiza, en la estación de Mont Pelerin. Hemos tomado a Milton Fridman como su padre, pero era su tío. Fridman fue Premio Nobel de Economía en 1976. Dos años antes, el Premio Nobel había sido para el austríaco Friedrich Hayek, que fue el que puso la semilla. Leer a Hayek aterra. Para él la democracia no es una condición necesaria para la verdadera libertad que debe custodiar el Estado: la libertad de mercado. La escuela de Mont Pelerin estaba comprobándolo cuando sus popes fueron bendecidos por los Nobel: Chile, 1973. El globo de ensayo exitoso para implantar el neoliberalismo por la fuerza. Le siguió la Argentina, 1976.
Ahora nadie declara en la televisión defender los postulados neoliberales, pero toda la oposición de derecha lo único que defiende es eso. La demonización de los gobiernos progresistas en América latina es una reacción neoliberal. Chile vuelve a ser la punta de lanza de este neo-neoliberalismo. De Piñera dice Macri que “nos marca un camino”. Más claro no puede estar. Y el neoliberalismo no puede implantarse en democracia sin un correlato de valores. Lo de la república y la institucionalidad es pura retórica, equiparable a la cháchara antiestatal que precedió a las privatizaciones de los ’90. Con la complicidad perenne de los grandes medios, instalaron aquello de la “ineficacia” del Estado. Lo colectivo, lo cooperativo, lo mutuo, lo solidario fue un disvalor. El menemismo, que fue la forma que aquí tuvo el neoliberalismo, solamente pudo destrozar las redes sociales después de haber encolumnado a la opinión pública atrás de las palabras “modernización” y “ahorro”. Nunca quisieron decir más que ajustes salvajes y represión a los indisciplinados.
El mundo global sigue embrujado por el discurso único. El neoliberalismo estalló en 2008 en Estados Unidos, pero la crisis se mantuvo al amparo de los grandes medios mundiales. Afirma Pascual Serrano: “Actualmente, el 80 por ciento de las noticias que circulan por el mundo proceden de cuatro agencias internacionales: Associated Press, United Press International, Reuters y Agence France Presse. Esas agencias son las que establecen el orden del día”. A escala, los medios concentrados y la coyuntura política argentina se han encargado de que, por ejemplo, nadie pueda hilvanar con claridad lo que está sucediendo en Grecia con lo que se propone aquí cuando se discute el manejo de las reservas. Como el neo-neoliberalismo es todavía inconfesable, el motivo que se esgrime para obstruir el Fondo del Bicentenario es la desconfianza en el Poder Ejecutivo o en el kirchnerismo en general. Cuando la política se vuelve una cuestión de fe, estamos en problemas. La democracia no es una cuestión de fe. Es antes que nada un conjunto de reglas racional y colectivamente aceptadas.
Los ídolos mediáticos, sin trayectoria ni talentos, brillan y desaparecen. Yo no estaría tan segura de que Fort va a seguir ese camino. Más bien, creo que Fort no es un incidente aislado ni un famoso destina- do al olvido. Da la impresión de que Fort inaugura una época, marcada por una corriente social que agonizó pero que revivió al calor del microclima global y el microclima argentino.
Fort se ha declarado nostálgico del menemismo, y esa misma reivindicación puede tomarse como expresión de un neomenemismo. No es el Menem de ahora el que se reivindica, incluso poco tiene que ver con él. La nostalgia es por una época de impulso bestial de un modo de vida. La nostalgia es por la inmersión en una escala de valores que implica el menemismo, como válvula de escape autóctona del neoliberalismo. Se extraña la banalidad del mal.
Hay un neomenemismo que se resume y expresa vigorosamente en Ricardo Fort. Las barritas de cereales ahora vienen con un muñeco de carne y hueso que tiene jopo, mandíbula de superhéroe, tatuajes en los brazos y un grupo de gatos que él mismo se financia para vivir una vida divertidísima. Como dijo Alejandro Fantino, quién no quisiera tener una vida como la de Ricardo Fort.
Y es verdad que en esta sociedad palpita, como verificaron las elecciones del 28 de junio, una pulsión cuyo exponente masivo más claro y sublimadamente aplaudido es Ricardo Fort, aunque políticamente fue un candidato cuyo mayor acierto lingüístico fue “alica alicate” y el de su aliado, Mauricio Macri, que veta leyes al por mayor y ni se acuerda por qué lo hizo. Uno podría ponerse a enumerar la enorme cantidad de hombres y mujeres que rechazan visceralmente lo que Fort representa, desde la ostentación al más cerril individualismo, pero no puede menos que aceptar que esos sectores ahora conviven con otros, que son los que “lo hacen medir” a Fort. Ese es el parámetro, como corresponde a su esencia, de su importancia social: “mide” tanto que todos los programas no pueden dejar de invitarlo, y hasta el canal América pasa los domingos un especial de una hora en el que uno puede presenciar una visita completa de Fort a su traumatólogo de Miami.
Si cada época levanta y entierra valores, es evidente que lo colectivo perdió las elecciones de junio frente a lo individual. No me refiero exactamente a lo político, aunque lo incluye. Es lo filosófico de un tiempo. Cuando surgió el neoliberalismo, en la posguerra, fue durante muchos años una escuela con aires masones que se nucleaba en Suiza, en la estación de Mont Pelerin. Hemos tomado a Milton Fridman como su padre, pero era su tío. Fridman fue Premio Nobel de Economía en 1976. Dos años antes, el Premio Nobel había sido para el austríaco Friedrich Hayek, que fue el que puso la semilla. Leer a Hayek aterra. Para él la democracia no es una condición necesaria para la verdadera libertad que debe custodiar el Estado: la libertad de mercado. La escuela de Mont Pelerin estaba comprobándolo cuando sus popes fueron bendecidos por los Nobel: Chile, 1973. El globo de ensayo exitoso para implantar el neoliberalismo por la fuerza. Le siguió la Argentina, 1976.
Ahora nadie declara en la televisión defender los postulados neoliberales, pero toda la oposición de derecha lo único que defiende es eso. La demonización de los gobiernos progresistas en América latina es una reacción neoliberal. Chile vuelve a ser la punta de lanza de este neo-neoliberalismo. De Piñera dice Macri que “nos marca un camino”. Más claro no puede estar. Y el neoliberalismo no puede implantarse en democracia sin un correlato de valores. Lo de la república y la institucionalidad es pura retórica, equiparable a la cháchara antiestatal que precedió a las privatizaciones de los ’90. Con la complicidad perenne de los grandes medios, instalaron aquello de la “ineficacia” del Estado. Lo colectivo, lo cooperativo, lo mutuo, lo solidario fue un disvalor. El menemismo, que fue la forma que aquí tuvo el neoliberalismo, solamente pudo destrozar las redes sociales después de haber encolumnado a la opinión pública atrás de las palabras “modernización” y “ahorro”. Nunca quisieron decir más que ajustes salvajes y represión a los indisciplinados.
El mundo global sigue embrujado por el discurso único. El neoliberalismo estalló en 2008 en Estados Unidos, pero la crisis se mantuvo al amparo de los grandes medios mundiales. Afirma Pascual Serrano: “Actualmente, el 80 por ciento de las noticias que circulan por el mundo proceden de cuatro agencias internacionales: Associated Press, United Press International, Reuters y Agence France Presse. Esas agencias son las que establecen el orden del día”. A escala, los medios concentrados y la coyuntura política argentina se han encargado de que, por ejemplo, nadie pueda hilvanar con claridad lo que está sucediendo en Grecia con lo que se propone aquí cuando se discute el manejo de las reservas. Como el neo-neoliberalismo es todavía inconfesable, el motivo que se esgrime para obstruir el Fondo del Bicentenario es la desconfianza en el Poder Ejecutivo o en el kirchnerismo en general. Cuando la política se vuelve una cuestión de fe, estamos en problemas. La democracia no es una cuestión de fe. Es antes que nada un conjunto de reglas racional y colectivamente aceptadas.
Los ídolos mediáticos, sin trayectoria ni talentos, brillan y desaparecen. Yo no estaría tan segura de que Fort va a seguir ese camino. Más bien, creo que Fort no es un incidente aislado ni un famoso destina- do al olvido. Da la impresión de que Fort inaugura una época, marcada por una corriente social que agonizó pero que revivió al calor del microclima global y el microclima argentino.
Fort se ha declarado nostálgico del menemismo, y esa misma reivindicación puede tomarse como expresión de un neomenemismo. No es el Menem de ahora el que se reivindica, incluso poco tiene que ver con él. La nostalgia es por una época de impulso bestial de un modo de vida. La nostalgia es por la inmersión en una escala de valores que implica el menemismo, como válvula de escape autóctona del neoliberalismo. Se extraña la banalidad del mal.
lunes, 15 de febrero de 2010
Las elites
Por Alfredo Zaiat
Durante muchas décadas el faro que orientaba a las elites argentinas fue Inglaterra. En el proceso de su decadencia, la mirada continuó dirigida a Europa, pero la presencia de Estados Unidos empezó a ocupar una centralidad cada vez mayor. Así fueron forjando su propia identidad, que es la de carecer de una definida, puesto que siempre están señalando experiencias de otros países como modelos exitosos en contraposición al fracasado nacional. Fracaso del que no se consideran responsables. Esa idealización de procesos del exterior, que con mínima rigurosidad analítica se sabe que son complejos y contradictorios, refleja la incapacidad del establishment doméstico de constituirse en un factor dinámico del desarrollo nacional. Es una de las carencias de lo que el economista Aldo Ferrer denomina densidad nacional. Esta consiste, entre otras cuestiones, en “la integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio y la movilización de los recursos disponibles dentro del espacio nacional”. Pero las elites argentinas tienen una predilección por la fuga de capitales y, por lo tanto, para dirigir la mirada al exterior. Esto explica la permanente ponderación de la forma de organización económica de otros países. En estos últimos años, en un momento los elogios estuvieron concentrados en el Brasil de Lula, en otro en el Chile de Bachelet y ahora aún más en el del derechista Piñera, y ahora en el Uruguay del presidente electo Pepe Mujica. Hasta no hace mucho, antes del derrumbe del muro de Wall Street, el modelo a imitar y envidiar era Irlanda y España, ambas economías que hoy están transitando una profunda crisis.
Las elites de la periferia han tenido una tendencia histórica a referenciarse en las de los países poderosos. Pero en países vecinos han logrado cierto grado de compromiso con el desafío de un desarrollo nacional, actuando como un factor dinámico de la economía. No se trata de un sector social homogéneo, tienen conductas e intereses contrapuestos que se reflejan en diversas líneas políticas, aunque con una base local relativamente sólida. Saben de sus limitaciones pero no actúan en forma destructiva y mucho menos en forma despectiva sobre su propio país. Lo opuesto es ejercido sin pudor por las elites argentinas, lo que quedó expresado con la actuación de un importante grupo de empresarios ante Pepe Mujica, con Cristiano Ratazzi como exponente por excelencia.
Este tipo de comportamiento de las elites, que a lo largo de la historia han combatido cada intento de emprender un camino de desarrollo nacional, hoy en un marco de contradicciones y a veces excedido de voluntarismo, explica gran parte la debilidad de la economía argentina. En el libro Los senderos perdidos del desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo en la Argentina, Hugo Notcheff afirma que la elite económica argentina mantiene dos rasgos bien definidos: la sistemática búsqueda de cuasirrentas de privilegio y la adaptación a las ventajas generadas en el contexto externo. Las define como “el conjunto de empresarios individuales o de organizaciones empresarias de mayor peso económico y político, que moldean el sendero del resto de los agentes económicos”.
La identificación de las razones que explican el atraso relativo de ciertas naciones con respecto a otras brinda la oportunidad de comprender ciertos procesos político-económicos. La investigadora Ana Castellani lo intenta en su reciente libro Estado, empresas y empresarios, al destacar que el comportamiento de las elites es de suma relevancia para entender la dinámica económica, social y política del país. Señala que esa importancia se muestra por dos motivos principales:
“Por un lado, porque juega un papel central en el proceso de acumulación de capital como consecuencia de las decisiones macroeconómicas que toman las empresas que la componen (sobre todo aquellas vinculadas con el nivel y tipo de inversión), que son cruciales para marcar el rumbo del resto del sistema económico”.
“Por otro lado, porque el accionar colectivo e individual de sus miembros suele incidir en la determinación de las políticas públicas, en especial, aquellas que definen la orientación de la intervención económica estatal.”
En ese libro se recupera el trabajo de Notcheff, uno de los intelectuales más lúcidos y comprometidos con los sectores populares (falleció el 6 de octubre pasado), que intenta explicar las evidentes dificultades que presenta la Argentina para conformar un patrón de desarrollo sostenido. Notcheff concluye que la economía argentina se corresponde con el tipo de economía de “adaptación tardía” a los cambios tecnológicos que se generan externamente. Entonces, las cuestiones relacionadas con las políticas de investigación científica y tecnológica no se encuentran en el centro de la agenda ni del Estado ni de “la elite económica”. Esta, sostiene, no compitió por la obtención de cuasirrentas tecnológicas, sino que, por el contrario, durante la mayor parte del siglo XX se protegió de la competencia a través de formación y consolidación de “monopolios no innovadores ni transitorios” sostenidos por el accionar estatal. Este tipo de comportamiento (imitación tecnológica tardía y monopolios no innovadores) constituyó para la elite económica una “opción blanda”. La “dura” implicaba el riesgo propio de una conducta innovadora que procurara la obtención de cuasirrentas tecnológicas en base a la conformación de “monopolios innovadores y transitorios”.
El investigador de Flacso explica que desde el punto de vista de la economía en su conjunto, la opción blanda no permite iniciar un proceso de desarrollo sostenido, sino una sucesión de booms o burbujas que cuando se terminan dejan sólo unas “gotas” aisladas de capacidades tecnológicas que no permiten iniciar un nuevo ciclo de desarrollo. Esto conduce, ilustra Notcheff, a un menor crecimiento del ingreso en el largo plazo porque “la intensidad de los factores que sostienen el crecimiento es débil”.
Un factor interesante del actual proceso económico y social es que, pese a sus evidentes restricciones y contradicciones, provoca un enfrentamiento con el accionar tradicional de la elite argentina, lo que brinda elementos para analizar las presentes dificultades del ciclo de crecimiento económico. También es cierto que las características estructurales de las elites se van modificando a lo largo del tiempo “como resultado del comportamiento seguido por las empresas y/o actores sociales que la integran y como consecuencia del contexto operativo generado por la intervención económica estatal”, señala Castellani. Para agregar que es por eso que van surgiendo en su seno proyectos políticos diferentes que expresan los intereses de las distintas fracciones existentes en ese heterogéneo sector socioeconómico. Hoy se está en presencia de esa tensión, con un final aún en disputa en el cual se especula con cambios en los rasgos de las elites o se batalla para la consolidación de sus conductas históricas. Las señales visibles, como esa legión de cortesanos del poder que se acercaron a Pepe Mujica, o elogian al Brasil de Lula o al Chile de la desigualdad, revelan la dificultad para superar esa restricción y consolidar un desarrollo económico estable.
Durante muchas décadas el faro que orientaba a las elites argentinas fue Inglaterra. En el proceso de su decadencia, la mirada continuó dirigida a Europa, pero la presencia de Estados Unidos empezó a ocupar una centralidad cada vez mayor. Así fueron forjando su propia identidad, que es la de carecer de una definida, puesto que siempre están señalando experiencias de otros países como modelos exitosos en contraposición al fracasado nacional. Fracaso del que no se consideran responsables. Esa idealización de procesos del exterior, que con mínima rigurosidad analítica se sabe que son complejos y contradictorios, refleja la incapacidad del establishment doméstico de constituirse en un factor dinámico del desarrollo nacional. Es una de las carencias de lo que el economista Aldo Ferrer denomina densidad nacional. Esta consiste, entre otras cuestiones, en “la integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio y la movilización de los recursos disponibles dentro del espacio nacional”. Pero las elites argentinas tienen una predilección por la fuga de capitales y, por lo tanto, para dirigir la mirada al exterior. Esto explica la permanente ponderación de la forma de organización económica de otros países. En estos últimos años, en un momento los elogios estuvieron concentrados en el Brasil de Lula, en otro en el Chile de Bachelet y ahora aún más en el del derechista Piñera, y ahora en el Uruguay del presidente electo Pepe Mujica. Hasta no hace mucho, antes del derrumbe del muro de Wall Street, el modelo a imitar y envidiar era Irlanda y España, ambas economías que hoy están transitando una profunda crisis.
Las elites de la periferia han tenido una tendencia histórica a referenciarse en las de los países poderosos. Pero en países vecinos han logrado cierto grado de compromiso con el desafío de un desarrollo nacional, actuando como un factor dinámico de la economía. No se trata de un sector social homogéneo, tienen conductas e intereses contrapuestos que se reflejan en diversas líneas políticas, aunque con una base local relativamente sólida. Saben de sus limitaciones pero no actúan en forma destructiva y mucho menos en forma despectiva sobre su propio país. Lo opuesto es ejercido sin pudor por las elites argentinas, lo que quedó expresado con la actuación de un importante grupo de empresarios ante Pepe Mujica, con Cristiano Ratazzi como exponente por excelencia.
Este tipo de comportamiento de las elites, que a lo largo de la historia han combatido cada intento de emprender un camino de desarrollo nacional, hoy en un marco de contradicciones y a veces excedido de voluntarismo, explica gran parte la debilidad de la economía argentina. En el libro Los senderos perdidos del desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo en la Argentina, Hugo Notcheff afirma que la elite económica argentina mantiene dos rasgos bien definidos: la sistemática búsqueda de cuasirrentas de privilegio y la adaptación a las ventajas generadas en el contexto externo. Las define como “el conjunto de empresarios individuales o de organizaciones empresarias de mayor peso económico y político, que moldean el sendero del resto de los agentes económicos”.
La identificación de las razones que explican el atraso relativo de ciertas naciones con respecto a otras brinda la oportunidad de comprender ciertos procesos político-económicos. La investigadora Ana Castellani lo intenta en su reciente libro Estado, empresas y empresarios, al destacar que el comportamiento de las elites es de suma relevancia para entender la dinámica económica, social y política del país. Señala que esa importancia se muestra por dos motivos principales:
“Por un lado, porque juega un papel central en el proceso de acumulación de capital como consecuencia de las decisiones macroeconómicas que toman las empresas que la componen (sobre todo aquellas vinculadas con el nivel y tipo de inversión), que son cruciales para marcar el rumbo del resto del sistema económico”.
“Por otro lado, porque el accionar colectivo e individual de sus miembros suele incidir en la determinación de las políticas públicas, en especial, aquellas que definen la orientación de la intervención económica estatal.”
En ese libro se recupera el trabajo de Notcheff, uno de los intelectuales más lúcidos y comprometidos con los sectores populares (falleció el 6 de octubre pasado), que intenta explicar las evidentes dificultades que presenta la Argentina para conformar un patrón de desarrollo sostenido. Notcheff concluye que la economía argentina se corresponde con el tipo de economía de “adaptación tardía” a los cambios tecnológicos que se generan externamente. Entonces, las cuestiones relacionadas con las políticas de investigación científica y tecnológica no se encuentran en el centro de la agenda ni del Estado ni de “la elite económica”. Esta, sostiene, no compitió por la obtención de cuasirrentas tecnológicas, sino que, por el contrario, durante la mayor parte del siglo XX se protegió de la competencia a través de formación y consolidación de “monopolios no innovadores ni transitorios” sostenidos por el accionar estatal. Este tipo de comportamiento (imitación tecnológica tardía y monopolios no innovadores) constituyó para la elite económica una “opción blanda”. La “dura” implicaba el riesgo propio de una conducta innovadora que procurara la obtención de cuasirrentas tecnológicas en base a la conformación de “monopolios innovadores y transitorios”.
El investigador de Flacso explica que desde el punto de vista de la economía en su conjunto, la opción blanda no permite iniciar un proceso de desarrollo sostenido, sino una sucesión de booms o burbujas que cuando se terminan dejan sólo unas “gotas” aisladas de capacidades tecnológicas que no permiten iniciar un nuevo ciclo de desarrollo. Esto conduce, ilustra Notcheff, a un menor crecimiento del ingreso en el largo plazo porque “la intensidad de los factores que sostienen el crecimiento es débil”.
Un factor interesante del actual proceso económico y social es que, pese a sus evidentes restricciones y contradicciones, provoca un enfrentamiento con el accionar tradicional de la elite argentina, lo que brinda elementos para analizar las presentes dificultades del ciclo de crecimiento económico. También es cierto que las características estructurales de las elites se van modificando a lo largo del tiempo “como resultado del comportamiento seguido por las empresas y/o actores sociales que la integran y como consecuencia del contexto operativo generado por la intervención económica estatal”, señala Castellani. Para agregar que es por eso que van surgiendo en su seno proyectos políticos diferentes que expresan los intereses de las distintas fracciones existentes en ese heterogéneo sector socioeconómico. Hoy se está en presencia de esa tensión, con un final aún en disputa en el cual se especula con cambios en los rasgos de las elites o se batalla para la consolidación de sus conductas históricas. Las señales visibles, como esa legión de cortesanos del poder que se acercaron a Pepe Mujica, o elogian al Brasil de Lula o al Chile de la desigualdad, revelan la dificultad para superar esa restricción y consolidar un desarrollo económico estable.
sábado, 13 de febrero de 2010
El enemigo sigue siendo el mismo.
Este fragmento de la película Evita muestra con crudeza como es esa sociedad pacata argentina que siempre quiso y querrá que el status quo se mantenga, siendo la mejor manera de ayudar al negro o al pobre con las migajas que les sobra, para limpiar su sucia conciencia de oligarca. Pasaron muchos años, pero sigue siendo la misma pelea de siempre.
martes, 19 de enero de 2010
Democracia delegativa
El otro día en TN (vaya paradoja, y también escrito en La Nación), escuché a Guillermo O'Donnell hablar de ésta definición acuñada por él, según la cual el pueblo elige presidentes en elecciones libres con amplio respaldo popular, que a menudo surgen tras un periodo de seria crisis política, económica o de una prolongada situación de injusticia social. El electorado "delega" así los poderes en los nuevos mandatarios Los elegidos se consideran que así que tienen la facultad, el deber de gobernar a su arbitrio y optan por "un estilo abrupto, inconsulto" y -en siguiendo modelos típicamente fascistas o comunistas- promueven las manifestaciones de masas y la creación de brigadas de choque.
Todo tipo de control o de crítica lo consideran como un impedimento. Se consideran con el derecho de "suprimir, doblegar o neutralizar las instituciones del país". Incluso creen, como es el caso de Chávez y lo fue de Kirchner, que gracias a su mayoría parlamentaria pueden casi prescindir de estos órganos legislativos. Otro tanto sucede con el sistema judicial y con los organismos de control financiero que por medio de la designación de sus integrantes pasan a perder su autonomía y a depender de la voluntad omnímoda del mandatario.
Si no bastara con la filosofía barata de Mariano Grondona, los análisis de mercado de Joaquín Morales Solá , el poder económico que intenta meter en caja al gobierno argentino, acaba de incorporar a sus filas a un intelectual proveniente de las filas progresistas, porque atrás de este tipo de regímenes, obviamente está el populismo o su sinónimo, el peronismo. La democracia delegativa es nociva porque -según se desprende de su tesis- el gobernante que la conduce se toma la cosa en serio: si lo eligieron como presidente, si la gente lo votó para que de una vez por todas intente hacer algo contra los poderosos, demuestre que tiene voluntad para cumplir.
Y esa gente, con errores y todo, va en ese camino y, en una postura por demás insolente, parece querer enfrentar nomás a aquellos poderes.
Eso está muy mal, nos dice O’Donnell, porque si el poder económico y sus administradores tuvieron la generosidad de dejarnos vivir en democracia, es para que se haga lo mismo que en dictadura pero constitucionalmente , en orden y paz.
O sea: la acumulación de riquezas y su reparto se debe seguir haciendo bajo las pautas tradicionales, como quieren aquellos.
Y estos gobiernos delegativos hacen otra cosa. Cuando ven que hay dinero en el Mercado lo toman para sí, se apropian
de él con impunidad.
¿Y para qué? Para jubilar a tres millones de personas, para crear cooperativas cuyos trabajadores puedan recibir al mes 1.400 pesos, para que los padres de cinco millones de pibes pobres tengan al menos una asignación universal que les ayude a paliar la miseria que aún padecen y para seguir pagando la deuda que las otras democracias, las representativas (las representativas del Mercado) le endosaron al país para mantenerlo agarrado del cuello.
O’Donnell dice que tiene miedo de que nuestro gobierno tire tanto de la cuerda que al final el elástico se termine rompiendo en su cara.
Porque lo que quiere dejar en claro es que si el clima se pone pesado no es por culpa de los dueños de la riqueza y las palabras, sino de estos gobiernos (se insiste: delegativos) que se atreven a disputarle el poder al gran capital.
Por supuesto: O’Donnell insiste en que si este sistema fracasa, el responsable es el peronismo.
No Cobos, que vota contra el propio gobierno que lo convocó a sus filas.
No Redrado, que juega el juego del poder financiero.
No la oposición, que le hace la corte a todos los que arrojan cáscaras de banana al gobierno nacional para que resbale y caiga.
No Carrió, que sale de gira para pedir la intervención extranjera en la Argentina.
Por eso es fundamental que pensemos y desarrollemos una idea unificadora y que nos permita luchar contra este embate mediático y político de los mismos de siempre, no seamos ingenuos, y terminemos de lamentar en el 2011 un macri o de narváez en el gobierno, sabiendo lo que van hacer y a que intereses van a defender.
Todo tipo de control o de crítica lo consideran como un impedimento. Se consideran con el derecho de "suprimir, doblegar o neutralizar las instituciones del país". Incluso creen, como es el caso de Chávez y lo fue de Kirchner, que gracias a su mayoría parlamentaria pueden casi prescindir de estos órganos legislativos. Otro tanto sucede con el sistema judicial y con los organismos de control financiero que por medio de la designación de sus integrantes pasan a perder su autonomía y a depender de la voluntad omnímoda del mandatario.
Si no bastara con la filosofía barata de Mariano Grondona, los análisis de mercado de Joaquín Morales Solá , el poder económico que intenta meter en caja al gobierno argentino, acaba de incorporar a sus filas a un intelectual proveniente de las filas progresistas, porque atrás de este tipo de regímenes, obviamente está el populismo o su sinónimo, el peronismo. La democracia delegativa es nociva porque -según se desprende de su tesis- el gobernante que la conduce se toma la cosa en serio: si lo eligieron como presidente, si la gente lo votó para que de una vez por todas intente hacer algo contra los poderosos, demuestre que tiene voluntad para cumplir.
Y esa gente, con errores y todo, va en ese camino y, en una postura por demás insolente, parece querer enfrentar nomás a aquellos poderes.
Eso está muy mal, nos dice O’Donnell, porque si el poder económico y sus administradores tuvieron la generosidad de dejarnos vivir en democracia, es para que se haga lo mismo que en dictadura pero constitucionalmente , en orden y paz.
O sea: la acumulación de riquezas y su reparto se debe seguir haciendo bajo las pautas tradicionales, como quieren aquellos.
Y estos gobiernos delegativos hacen otra cosa. Cuando ven que hay dinero en el Mercado lo toman para sí, se apropian
de él con impunidad.
¿Y para qué? Para jubilar a tres millones de personas, para crear cooperativas cuyos trabajadores puedan recibir al mes 1.400 pesos, para que los padres de cinco millones de pibes pobres tengan al menos una asignación universal que les ayude a paliar la miseria que aún padecen y para seguir pagando la deuda que las otras democracias, las representativas (las representativas del Mercado) le endosaron al país para mantenerlo agarrado del cuello.
O’Donnell dice que tiene miedo de que nuestro gobierno tire tanto de la cuerda que al final el elástico se termine rompiendo en su cara.
Porque lo que quiere dejar en claro es que si el clima se pone pesado no es por culpa de los dueños de la riqueza y las palabras, sino de estos gobiernos (se insiste: delegativos) que se atreven a disputarle el poder al gran capital.
Por supuesto: O’Donnell insiste en que si este sistema fracasa, el responsable es el peronismo.
No Cobos, que vota contra el propio gobierno que lo convocó a sus filas.
No Redrado, que juega el juego del poder financiero.
No la oposición, que le hace la corte a todos los que arrojan cáscaras de banana al gobierno nacional para que resbale y caiga.
No Carrió, que sale de gira para pedir la intervención extranjera en la Argentina.
Por eso es fundamental que pensemos y desarrollemos una idea unificadora y que nos permita luchar contra este embate mediático y político de los mismos de siempre, no seamos ingenuos, y terminemos de lamentar en el 2011 un macri o de narváez en el gobierno, sabiendo lo que van hacer y a que intereses van a defender.
martes, 12 de enero de 2010
Llego el 2010
Despues de un breve descanso, he regresado, en un nuevo año, pero con los mismos personajes tratando de hacernos creer que todo es un desastre y que los argentinos somos tontos para comernos cualquier boludez.
Empecemos, pasó diciembre, y se acuerdan lo que dijo lilita carrió (ya es hora que le hagan un exámen psiquiátrico, por la salud general), y donde está el caos que hiba a sobrevenir en ese mes, con Capital Federal tomada por comandos kirchneristas armados que harían la vida imposible a la gente como uno, parace que no fue así, y que ahora están todos veraneando en la paqueta Punta del Este, junto con la gorda desquiciada.
Dónde está la falta de carne, trigo, que vaticinaba el chacarero de angelis, y los culo rotos de la sociedad rural, cuando el consumo para las fiestas fue record en muchos años y seguimos consumiendo en el verano que recién empieza.
La economía sigue creciendo, basta con ver los indicadores de la industria automotriz, también record en producción el año que se fue, como otros indicadores.
Pero, también son responsables los Kirchner, porque no han profundizado el modelo progresista, porque seguimos teniendo que soportar a los personajes como Redrado, como Cobos, como tantos otros, que no están en el gobierno por arte de magia, sino que fueron consensuado por el kirchnerismo, o ahora nos vamos a hacer los boludos sin saber lo que se podía esperar de esta gente.
Parece que este año vamos a tener más de lo mismo, con la derecha oligárquica tratando de hacernos creer que sus intereses son el interés de todos, y que los argentinos, debemos tener mucho cuidado y razonamiento para saber discernir que son los mismos que nos van a cagar la vida si asumen el poder.
No seamos zonzos, como decía Jauretche, el compromiso está en asumir que sus intereses no son los nuestros, que los trabajadores, que sufrieron el aniquilamiento de sus derechos y salarios en los 90, no nos comamos la galletita que esta gente va a gobernar para nosotros.
Esta gente gobierna para los grupos financieros, para los grupos económicos, para quienes, sea el gobierno que sea, siempre ganaron plata y tuvieron sus privilegios.
Ojalá nos atrevamos a hacer las reformas que hacen falta, la reforma impositiva, la de entidades financieras, la de una vez por todas, gobernar para el pueblo, ese pueblo sufriente, que siempre puso el lomo y que pocas veces se vió retribuido.
Y de mi querida provincia, hablaremos despues, o nos vamos a creer que el socialismo es reformista??, con sus aliados radicales, hasta ahora lo único que han hecho es aumentar impuestos y aumentar servicios, sumado a un montón de ineficiencias que llevan a pensar que si este socialismo es progresista yo soy del Pro.
Ojalá podamos ver en un futuro una patria libre, socialmente justa, ojalá.
Empecemos, pasó diciembre, y se acuerdan lo que dijo lilita carrió (ya es hora que le hagan un exámen psiquiátrico, por la salud general), y donde está el caos que hiba a sobrevenir en ese mes, con Capital Federal tomada por comandos kirchneristas armados que harían la vida imposible a la gente como uno, parace que no fue así, y que ahora están todos veraneando en la paqueta Punta del Este, junto con la gorda desquiciada.
Dónde está la falta de carne, trigo, que vaticinaba el chacarero de angelis, y los culo rotos de la sociedad rural, cuando el consumo para las fiestas fue record en muchos años y seguimos consumiendo en el verano que recién empieza.
La economía sigue creciendo, basta con ver los indicadores de la industria automotriz, también record en producción el año que se fue, como otros indicadores.
Pero, también son responsables los Kirchner, porque no han profundizado el modelo progresista, porque seguimos teniendo que soportar a los personajes como Redrado, como Cobos, como tantos otros, que no están en el gobierno por arte de magia, sino que fueron consensuado por el kirchnerismo, o ahora nos vamos a hacer los boludos sin saber lo que se podía esperar de esta gente.
Parece que este año vamos a tener más de lo mismo, con la derecha oligárquica tratando de hacernos creer que sus intereses son el interés de todos, y que los argentinos, debemos tener mucho cuidado y razonamiento para saber discernir que son los mismos que nos van a cagar la vida si asumen el poder.
No seamos zonzos, como decía Jauretche, el compromiso está en asumir que sus intereses no son los nuestros, que los trabajadores, que sufrieron el aniquilamiento de sus derechos y salarios en los 90, no nos comamos la galletita que esta gente va a gobernar para nosotros.
Esta gente gobierna para los grupos financieros, para los grupos económicos, para quienes, sea el gobierno que sea, siempre ganaron plata y tuvieron sus privilegios.
Ojalá nos atrevamos a hacer las reformas que hacen falta, la reforma impositiva, la de entidades financieras, la de una vez por todas, gobernar para el pueblo, ese pueblo sufriente, que siempre puso el lomo y que pocas veces se vió retribuido.
Y de mi querida provincia, hablaremos despues, o nos vamos a creer que el socialismo es reformista??, con sus aliados radicales, hasta ahora lo único que han hecho es aumentar impuestos y aumentar servicios, sumado a un montón de ineficiencias que llevan a pensar que si este socialismo es progresista yo soy del Pro.
Ojalá podamos ver en un futuro una patria libre, socialmente justa, ojalá.
lunes, 21 de diciembre de 2009
¿Qué le tenemos que agradecer a Ricardo Fort?

Cada tanto aparecen en la TV personajes que fugazmente levantan el rating de la industria del entretenimiento y comienzan a circular en casi toda conversación que recorra temas de actualidad. Analizar por qué se produce esto puede ser una excelente oportunidad para indagar el estado anímico, psíquico y político de nuestra sociedad.
¿Qué es lo que hace que Ricardo Fort, un hijo de millonarios que no ha movido un solo pelo para merecerla, aparezca en reiteradas oportunidades ostentando su riqueza frente a las cámaras?
Primero no busquemos el mito de que los contenidos de los medios están determinados por el rating. No es que Tinelli, o Fort estén en la TV porque la gente los ve. La gente elige entre las opciones que se le ofrecen. Y esas opciones las decide un puñado de personas adineradas y son opciones que tienen muchas similitudes.
Si uno recorre opiniones, incluso de quienes los miran, puede ver que una gran proporción coincide en que Tinelli, Fort, y otros tantos son personajes y programas extremadamente superficiales. En gran cantidad de casos los miran porque "no hay otra cosa", y porque en cierta manera mirar un programa al que la mayoria mira, permite poder incluirse en las conversaciones que se dan al día siguiente en los espacios de trabajo, educativos, etc. Paradójicamente mirar a Tinelli puede ser una manera de luchar contra el aislamiento y la fragmentación que son inducidas por los mismos medios a través de sus modelos y valores, individualistas, competitivos, superficiales.
En lás últimas décadas el rol político, ideológico que juegan los medios en la sociedad ha crecido a un ritmo extremadamente rápido. En casi el 100% de los hogares desde los más ricos a los más pobres hay una TV encendida durante varias horas al día. Todos mirando a una pantalla, detrás de la cual hay un reducido grupo de millonarios -dueños de los medios y sus auspiciantes-, pagando a psicólogos y expertos en marketing para que generen contenidos que, aunque en apariencia diversos, vayan siempre en una misma dirección: Convencer a la sociedad de una mentira, es decir, que los intereses de ese reducido grupo son los intereses de toda la sociedad
Hemos consumido valores y principios durante décadas que no corresponden con nuestras necesidades e intereses, sino con las de ellos. Toda una concepción del mundo y del hombre que justifica el orden actual de la sociedad, su profunda desigualdad, el saqueo sistemático de nuestras riquezas, que los muestra como algo que es universal, natural, e inmodificable, o que directamente no los muestra.
Si uno pudiera contemplar toda nuestra sociedad desde una mirada amplia, abarcativa, seguramente debería tener en cuenta los enormes millones que viven en la pobreza, los -al menos- 8 chicos que mueren diariamente por desnutrición, es decir los graves problemas que atraviesa una gran proporción de nosotros. Para que nos demos una idea, un 70% de la población que trabaja gana menos de 1500 $ al mes. Si ahora comparamos esto con lo que nos muestran los medios masivos, lo que vemos es que nada de esto se refleja, parecería más bien que sistemáticamente ellos enfocan sus cámaras en los sectores más pudientes y sus vidas lujosas, para decirnos, entre líneas "¿Ven que está todo bien? ¡La estamos pasando bárbaro!".
Cuando no hacen esto y enfocan sus cámaras hacia los problemas más crudos como la creciente pobreza, solo lo hacen para desacreditar a algún gobierno de turno, porque seguramente han conocido reemplazantes de ese gobierno que serán mas fieles a sus intereses, pero nunca para enfocar o hablar de las causas más profundas que explican la extrema desigualdad, pobreza y destrucción nuestro medio ambiente: un sistema político y económico profundamente desigual, estructuralmente corrupto, que vertiginosamente beneficia a una minoría enajenada mientras prácticamente aplasta todo lo demás.
Pero vayamos de una vez por todas a Fort: poco sentido tiene criticar su complejo de inferioridad como causante de tantas cirujías, o su completa ineptitud para todo negocio o emprendimiento que haya iniciado, que solo ilustran la personalidad de alguien que lucha como puede y sin mucho éxito, contra sus conflictos psíquicos. Concentrémonos en "¿Qué es lo que ha interesado de esta personalidad a los empresarios de los medios y a su audiencia cautiva, voluntariamente cautiva?"
Si uno vuelve a la mirada abarcativa, probablemente pueda imaginarse frente al televisor a miles de familias pobres, quizá millones, que mientras escuchan a Ricardo decir que se gasta 8000 mil pesos en cada" noche de joda", ellos no saben si van a poder alimentar a sus hijos al día siguiente, porque no tienen 5 pesos para comprarles unos fideos.
Entendiendo esto, surge la clara conclusión de que el mensaje de Ricardo es violento. Dentro del campo de lo discursivo, podríamos decir que es extremadamente violento: Cargado de soberbia e individualismo, hablando mal y pronto, "se caga" en los que la pasan mal, en los que no tienen nada, considera -erróneamente- que eso no es asunto suyo. Ni siquiera le importa admitir que ese dinero no lo ganó trabajando, sino que lo heredó, lo cual hace al cuadro aún más injusto y por lo tanto más violento.
En realidad lo que hace llamativo a Ricardo no es su dinero, ya que mucha gente, incluso aquellos que los invitan a la TV tienen fortunas similares. En realidad lo que lo distingue es que Fort se atreve a refregársela en la cara a los millones que lo miran por TV. En ese sentido es un transgresor. Generalmente los millonarios frente a las cámaras no suelen atreverse a ostentar su riqueza, porque intuyen que hay algo de violento en eso, perciben que es chocante hacer alarde de sus bienes frente a gente que sobrevive día a día. Algún grado de consciencia acerca de que no se puede insultar abiertamente al concepto de comunidad les impide por lo general hacerlo.
Pero Ricardo no tiene escrúpulos. Y algo tenemos que agradecerle en ese sentido: Lo que hace, sin proponérselo, es evidenciar la extrema desigualdad de la sociedad en la que vivimos, y por lo tanto, hace que haya una mentira menos en la TV el medio masivo, omnipresente, por excelencia.
Cierto es que mucha gente tiene interés en verlo, en consumirlo. Los empresarios mediáticos no imponen los contenidos que les vienen en gana, sino que eligen la alternativa que más vende, entre opciones previamente seleccionadas que se ajustan a un bajo costo y a una afinidad ideológica.
Lo que vende de Ricardo Fort parece ser es su obsceno relato acerca de todo lo que consume y el interés que esto despierta revela que estamos frente a una sociedad completamente manipulada. Durante décadas se nos ha estado convenciendo de que la felicidad consiste en consumir, miles de publicidades diarias apuntando a que codiciemos todo tipo de bienes y servicios, desde que somos pequeños.
Nuestro deseo ha sido sistemáticamente orientado hacia el consumo, y Ricardo Fort es quien nos relata, con lujo de detalle, como en un contenido pornográfico, como él realiza diariamente aquello que nosotros anhelamos.
El consumo se nos ha impuesto mediante un mensaje omnipresente, lo vemos en cada rincón de nuestra existencia, como una acción sagrada. Pero como las acciones no pueden ser veneradas, terminamos casi venerando a quien lo puede consumir todo. Ricardo no tiene límites, puede consumir lo que se le ocurra. Es el Dios del Consumo. Por eso lo admiramos, lo miramos, lo consumimos con veneración. Estamos programados para consumir todo lo posible, pero no podemos, entonces Ricardo lo hace por nosotros.
Por eso tenemos tanto que agradecer a Ricardo, porque él nos muestra varias características de nuestra realidad:
-Que estamos viviendo en una sociedad tan desigual que el adjetivo "extremo" resulta completamente insuficiente.
-Que estamos tan programados para ser consumidores que nos excitamos escuchando el relato obsceno de quien consume todo lo que nosotros desearíamos pero no podemos.
-Que la TV actual está comandada por una banda de empresarios sin escrúpulos que tienen entre sus principales objetivos el atontarnos para sacarnos todo el dinero posible.
-Que estamos viviendo en un sistema en el que unos pocos vivos disfrutan sin límites del esfuerzo y del trabajo de una gran mayoría.
-Que mientras sigamos renegando de la dimensión política que todos tenemos, que forma parte nuestra, y nos resignemos a ver pasivamente a quienes se apropian de nuestros riquezas y recursos por la pantalla chica, deberemos soportar que un grupo de payasos se burle diariamente de nosotros en la televisión.
Fuente:http://comunicacionpopular.com.ar
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Argentina, Una Gran Fabrica de IDEAS...
Argentina es el quinto país del mundo con más 'think tanks' -centros de estudios o depósitos de ideas, según su traducción literal- de acuerdo a la información recopilada por una universidad en Estados Unidos.
El estudio de la Universidad de Pensilvania, que clasifica estas organizaciones dedicadas a la investigación y a las políticas públicas, posiciona a nuestro país detrás de EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y Francia en cantidad de este tipo de organismos.
De los 5.550 que hay en todo el mundo (538 de ellos situados en Latinoamérica), 122 están en Argentina. En la región le siguen México con 54, Brasil con 39 y Chile con 36. En tanto España tiene 49, de acuerdo con el informe académico.
Las instituciones argentinas también logran una buena posición en cuanto a calidad, con 12 'think tanks' nombrados entre los principales 407 de todo el mundo.
¿A qué se debe la popularidad de estos organismos en el país? Y ¿por qué no se ve reflejado este interés en las instituciones públicas?
Según Federico Merke, del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), elegido como el mejor 'think tank' de América Latina y el Caribe, el fenómeno tiene que ver con la falta de interés de muchas personas en formar parte del gobierno o del Estado.
Merke le dijo a BBC Mundo que no existen incentivos por parte del Estado para atraer a pensadores y académicos y además no existe una continuidad en el servicio público.
"Hay una sensación de que el Estado argentino está muy politizado, hasta en las unidades más pequeñas de decisión", afirma, explicando que "el imaginario es que el espacio o el margen de acción para hacer una diferencia es relativamente limitado".
Para Merke a pesar de no poder ejecutar políticas, desde un 'think tank' se puede "ejercer presión, llamar a la conciencia, plantear puntos en los medios de comunicación, realizar marchas, movilizaciones, seminarios, debates", que son otra forma de participar.
Merke destaca que estas organizaciones no gubernamentales son "un puente entre el mundo de las ideas y el mundo de la acción" y ofrecen un espacio en el que pueden acercarse los funcionarios y la sociedad.
Miguel Braun, director ejecutivo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) -también elogiada en el informe- coincide con la importancia del papel que juegan estos organismos en la sociedad.
Pero además, para Braun los 'think tanks' cumplen un papel fundamental en la formación de funcionarios, y se nutren de la experiencia de quienes dejan la función pública para volver al ámbito privado.
"Creo que mejoramos la calidad institucional del país. Que haya múltiples voces en la difusión de la política pública y no una voz monolítica desde el Estado fortalece la calidad de la discusión pública y por lo tanto de las políticas públicas", le dijo a BBC Mundo.
Para terminar, dejo una frase del gran Albert Einstein (1940):
"Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento y solo serán exitosos los pueblos que entiendan como generar conocimientos y como protegerlos, así también como buscar jóvenes que tenga capacidad de hacerlo y asegurarse que se queden en el país".
Los otros países se quedaran con litorales hermosos, con iglesias, con minas, con una historia fantástica; pero probablemente no se quedaran ni con las mismas banderas ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico,(o sea con pobreza.
El estudio de la Universidad de Pensilvania, que clasifica estas organizaciones dedicadas a la investigación y a las políticas públicas, posiciona a nuestro país detrás de EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y Francia en cantidad de este tipo de organismos.
De los 5.550 que hay en todo el mundo (538 de ellos situados en Latinoamérica), 122 están en Argentina. En la región le siguen México con 54, Brasil con 39 y Chile con 36. En tanto España tiene 49, de acuerdo con el informe académico.
Las instituciones argentinas también logran una buena posición en cuanto a calidad, con 12 'think tanks' nombrados entre los principales 407 de todo el mundo.
¿A qué se debe la popularidad de estos organismos en el país? Y ¿por qué no se ve reflejado este interés en las instituciones públicas?
Según Federico Merke, del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), elegido como el mejor 'think tank' de América Latina y el Caribe, el fenómeno tiene que ver con la falta de interés de muchas personas en formar parte del gobierno o del Estado.
Merke le dijo a BBC Mundo que no existen incentivos por parte del Estado para atraer a pensadores y académicos y además no existe una continuidad en el servicio público.
"Hay una sensación de que el Estado argentino está muy politizado, hasta en las unidades más pequeñas de decisión", afirma, explicando que "el imaginario es que el espacio o el margen de acción para hacer una diferencia es relativamente limitado".
Para Merke a pesar de no poder ejecutar políticas, desde un 'think tank' se puede "ejercer presión, llamar a la conciencia, plantear puntos en los medios de comunicación, realizar marchas, movilizaciones, seminarios, debates", que son otra forma de participar.
Merke destaca que estas organizaciones no gubernamentales son "un puente entre el mundo de las ideas y el mundo de la acción" y ofrecen un espacio en el que pueden acercarse los funcionarios y la sociedad.
Miguel Braun, director ejecutivo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) -también elogiada en el informe- coincide con la importancia del papel que juegan estos organismos en la sociedad.
Pero además, para Braun los 'think tanks' cumplen un papel fundamental en la formación de funcionarios, y se nutren de la experiencia de quienes dejan la función pública para volver al ámbito privado.
"Creo que mejoramos la calidad institucional del país. Que haya múltiples voces en la difusión de la política pública y no una voz monolítica desde el Estado fortalece la calidad de la discusión pública y por lo tanto de las políticas públicas", le dijo a BBC Mundo.
Para terminar, dejo una frase del gran Albert Einstein (1940):
"Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento y solo serán exitosos los pueblos que entiendan como generar conocimientos y como protegerlos, así también como buscar jóvenes que tenga capacidad de hacerlo y asegurarse que se queden en el país".
Los otros países se quedaran con litorales hermosos, con iglesias, con minas, con una historia fantástica; pero probablemente no se quedaran ni con las mismas banderas ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico,(o sea con pobreza.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Macri y su lanzamiento
Se acaba el ciclo de los Kirchner. Los invito a todos a recorrer casa por casa para que se sume gente porque otra Argentina está por nacer". Mauricio Macri buscó imprimirle un tono épico al cierre del Encuentro Nacional de PRO que ayer reunió a sus principales dirigentes y a la militancia. El jefe de Gobierno dio un paso más, aunque sigue sin confirmar nada, rumbo a su candidatura presidencial para 2011. No lo hizo, desde ya, en el mejor momento: su Gobierno sigue complicado por el escándalo de las escuchas telefónicas.
"Tenemos que devolverle esa dignidad que le quitaron al pueblo argentino y en esa lucha, aunque a muchos no les guste, no nos van a parar", manifestó. Lo escuchaban Gabriela Michetti y su Gabinete.
Aunque Macri se jactó de liderar la fuerza "que le ganó a Kirchner y a todo su aparato", en relación a la victoria del 28 de junio de Francisco de Narváez, su aliado no estuvo en el acto. En ese momento, recorría el centro de Mendoza en una clara señal de tratar de instalar su imagen a nivel nacional.
Macri le habló a la militancia como si estuviera decidido a confrontar con Kirchner en la próxima presidencial. "Ustedes son los protagonistas se esta epopeya que empezamos de a poco, con muchas dificultades", dijo. Antes había remarcado: "Estamos acá porque creemos que una Argentina mejor es posible. Tenemos que devolverle la esperanza a nuestra gente".
Macri pidió "terminar con la confrontación del matrimonio presidencial" e insistió en que "este espacio político está demostrando que se puede gobernar de otra manera, que la política puede cambiarle la vida a la gente y que tiene sentido involucrarse".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2009/11/29/elpais/p-02051078.htm
Una de las peores consecuencias de que los medios sean privados y estén en pocas manos es que si a una banda de millonarios mafiosos se le ocurre llegar al poder, puede cometer todo tipo de delitos comprando el silencio de los multimedios. Como estos son empresas, se basan en la lógica de la empresa: Hacemos lo que sea necesario si está el dinero suficiente.
La inseguridad que mas nos debería atemorizar a los argentinos es que llegue al poder un grupo empresario plagado de antecedentes delictivos y que gane elecciones sin que la gente se entere de su escandaloso prontuario.
Con la complicidad y el silencio de los medios, en esta sociedad, hasta un nuevo Hitler podría ganar si pone la guita suficiente.
"Tenemos que devolverle esa dignidad que le quitaron al pueblo argentino y en esa lucha, aunque a muchos no les guste, no nos van a parar", manifestó. Lo escuchaban Gabriela Michetti y su Gabinete.
Aunque Macri se jactó de liderar la fuerza "que le ganó a Kirchner y a todo su aparato", en relación a la victoria del 28 de junio de Francisco de Narváez, su aliado no estuvo en el acto. En ese momento, recorría el centro de Mendoza en una clara señal de tratar de instalar su imagen a nivel nacional.
Macri le habló a la militancia como si estuviera decidido a confrontar con Kirchner en la próxima presidencial. "Ustedes son los protagonistas se esta epopeya que empezamos de a poco, con muchas dificultades", dijo. Antes había remarcado: "Estamos acá porque creemos que una Argentina mejor es posible. Tenemos que devolverle la esperanza a nuestra gente".
Macri pidió "terminar con la confrontación del matrimonio presidencial" e insistió en que "este espacio político está demostrando que se puede gobernar de otra manera, que la política puede cambiarle la vida a la gente y que tiene sentido involucrarse".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2009/11/29/elpais/p-02051078.htm
Una de las peores consecuencias de que los medios sean privados y estén en pocas manos es que si a una banda de millonarios mafiosos se le ocurre llegar al poder, puede cometer todo tipo de delitos comprando el silencio de los multimedios. Como estos son empresas, se basan en la lógica de la empresa: Hacemos lo que sea necesario si está el dinero suficiente.
La inseguridad que mas nos debería atemorizar a los argentinos es que llegue al poder un grupo empresario plagado de antecedentes delictivos y que gane elecciones sin que la gente se entere de su escandaloso prontuario.
Con la complicidad y el silencio de los medios, en esta sociedad, hasta un nuevo Hitler podría ganar si pone la guita suficiente.
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